Ir directamente al contenido

Ingresa a tu cuenta!

Escribe tu usuario y contraseña

07,May 2026

La primera emprendedora que conocí: la abuela artista que inspiró a muchos niños

La semilla que se sigue expandiendo — sobre mi mamá, los niños del barrio La Paz y lo que se hereda sin nombrarlo.

SB
Co-fundadora y artista — I LafiU Kids ·

Lo esencial

Doña Sylvia (Miss Sylvia como le decían sus alumnos), mi mamá, fue la primera emprendedora que vi de cerca. Sin que nadie usara esa palabra, ella montaba sus propios proyectos desde casa: confección, repostería, decoración pintada a mano y, durante dos décadas, clases de arte para cientos de niños en Colombia.

De ella aprendí que la creatividad se cultiva todos los días y que se puede construir una vida entera alrededor del arte. Esa lección es la raíz de lo que hoy es I LafiU Kids: una marca de cuadros infantiles fine art inspirados en El Principito, pensados para acompañar la infancia.

Hace poco recibí un audio que me conmovió mucho.

Era Ahmed López, recordando un proyecto que hizo mi mamá hace años con la iglesia del barrio La Paz, en Santa Marta. Un espacio donde ella enseñaba a niños de escasos recursos a pintar sobre madera, a crear con sus manos, a tener un lugar donde podían expresarse con confianza.

El audio decía: "Doña Sylvia… no sabe cómo la recuerdo en cada momento. Fueron días cortos pero maravillosos, llenos de aprendizaje. Usted me regaló mucha paciencia, amor, tolerancia… y me enseñó a enseñarle a esos niños…"

Y mientras lo escuchaba, confirmé algo que siempre he sabido.

La palabra que aún no existía

Mi mamá fue la primera emprendedora que vi de cerca, aunque en ese momento no se le llamara así a una mujer que montaba sus propios proyectos desde casa, que buscaba cómo sostenerlos, hacerlos crecer y convertirlos en algo que también pudiera servirle a otros.

En los años ochenta y noventa en Colombia, la palabra "emprendedora" no se usaba para referirse a una mamá que vendía tortas, que daba clases de pintura, que pintaba decoraciones por encargo. Se decía "tiene un negocito". Se decía "se rebusca". Se decía "trabaja desde la casa". Pero ninguna de esas palabras le hacía justicia a lo que realmente hacía.

Ella era una empresaria. Tenía clientes, manejaba materiales, calculaba precios, atendía pedidos, formaba estudiantes. Construía algo desde cero, lo sostenía en el tiempo, lo hacía crecer. La diferencia es que en su época nadie llamaba a eso emprendimiento. Le llamaban supervivencia. O hobby. O pasatiempo de mujer.

Esa invisibilidad histórica del trabajo creativo de las mujeres es algo que la academia ha empezado a reconocer apenas en las últimas décadas. ONU Mujeres ha documentado durante años cómo el trabajo no remunerado y los emprendimientos informales liderados por mujeres han sostenido economías familiares enteras sin que se les nombrara como tales. Mi mamá era una de esas mujeres. Y como ella, miles.

Crecí entre telas, hornos y pinceles

Los negocios que tuvo fueron variados y siempre muy creativos.

Crecí entre telas y agujas. Mi mamá cosía, transformaba, reinventaba. Después vi cómo salían tortas del horno para celebraciones de cumpleaños, cuidadosamente decoradas, cada una distinta a la anterior. Tuvimos un negocio juntas, durante mis últimos años de bachillerato, en el que pintábamos objetos decorativos —cajas, cofres, marcos, lo que llegaba—. Yo aprendía a la par que ella enseñaba.

Después vinieron las clases. Dos décadas en las que cientos de niños llegaban a pintar y se encontraban con un espacio donde podían crear, equivocarse, intentar de nuevo. Donde aprendían técnicas, sí, pero también aprendían a confiar en lo que podían hacer con sus propias manos. Muchos la veían como una abuela. Otros como una segunda mamá. Porque lo que ella ofrecía iba mucho más allá de una clase.

Era presencia. Era paciencia. Era constancia.

Esa misma constancia fue la que sostuvo mis primeros intentos, cuando yo vendía maletas pintadas a mano en el colegio y ella estaba ahí, apoyando, creyendo, impulsando sin cuestionar. Si una compañera de salón me devolvía una maleta porque "no le había gustado tanto", mi mamá no me consolaba con un "no importa". Me decía: preguntémosle qué le faltó. La próxima la mejoramos. Esa diferencia formó algo en mí.

"De ella aprendí que la creatividad no es algo que aparece de vez en cuando. Es algo que se cultiva todos los días."

Lo que se aprende viendo (y por qué importa para los niños)

Hay algo que la psicología del desarrollo viene estudiando hace décadas: los niños aprenden, sobre todo, observando a las personas significativas a su alrededor.

Albert Bandura, psicólogo de la Universidad de Stanford, lo formuló en los años sesenta con su teoría del aprendizaje social. Su famoso "experimento del muñeco Bobo" mostró que los niños imitan los comportamientos de adultos que observan, incluso sin recompensa directa, simplemente por modelado. Bandura llamó a esto aprendizaje vicario: aprender por la experiencia ajena.

Lo aplicó al comportamiento agresivo, pero la lógica vale para todo lo demás. Si un niño ve durante años a una mamá que crea, que sostiene un proyecto, que se levanta cada día a hacer lo suyo, no tiene que sentarse en una clase para "aprender" nada. Lo está aprendiendo simplemente al estar ahí.

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, autor del concepto de flow y profesor de la Universidad de Chicago, estudió durante años a personas creativas y encontró un patrón consistente: la mayoría de adultos creativos había crecido en hogares donde al menos uno de los padres practicaba alguna disciplina creativa de manera sostenida. No necesariamente padres que los empujaban a ser artistas. Padres que sencillamente lo eran. La presencia de alguien creando todos los días, a la vista del niño, era un ambiente formativo en sí mismo.

Yo soy una de esas hijas. Y lo que aprendí mirando a mi mamá durante años no se puede medir.

El barrio La Paz: cuando enseñar es regalar dignidad

Volvamos al audio de Ahmed.

El proyecto del barrio La Paz fue uno de los más importantes que mi mamá hizo, aunque casi nadie lo supo. Trabajaba con la iglesia del barrio, en un sector donde los niños tenían pocos recursos y, sobre todo, pocos espacios donde sentirse capaces. Ella iba con sus pinturas, con sus pedazos de madera, con su paciencia. Y durante meses, esos niños tuvieron un lugar donde podían crear sin que nadie les dijera que lo estaban haciendo mal.

Para esos niños, eso no era una clase de arte. Era un lugar donde alguien les estaba diciendo, sin palabras: tú puedes. Tú vales. Tú eres capaz.

Cuando un niño con escasos recursos pinta su propio cuadro y lo cuelga en la pared de su casa, está pasando algo más grande que un ejercicio artístico. Está internalizando una idea sobre sí mismo. Esa idea, una vez instalada, no se borra.

Por eso me emocionó tanto el audio. Ahmed, años después, no se acordaba de las técnicas. Se acordaba de la paciencia. Del amor. De la tolerancia. Y se acordaba de que aprendió a enseñarles a otros, lo cual significa que la semilla siguió expandiéndose. Multiplicándose.

Imágenes con la misma semilla

Cuadros que celebran el vínculo

Si esta historia te resonó, hay tres piezas en la colección que tienen el mismo espíritu: cuadros que hablan de amistad, de imaginación y de los sueños que se siembran temprano. Cada uno es fine art en lienzo premium, listo para colgar, pensado para acompañar la infancia.

Cuadro Encuentros del Principito — La Amistad

Desde $230.000 COP

Ver pieza →

Set Los Sueños del Principito × 2

$820.000 COP

Ver el set →

Set La Imaginación del Principito × 2

$820.000 COP

Ver el set →

Ver toda la colección de cuadros El Principito →

A los cincuenta empezó a enseñar arte

Mi mamá decidió convertirse en profesora de arte para niños cuando tenía cincuenta años.

Es un dato que me sigue pareciendo importante.

En una época en la que se asume que después de los cincuenta uno se baja del juego, ella subió un piso. No lo hizo desde la teoría, no se inscribió a una maestría en pedagogía artística. Lo hizo desde su propia práctica, desde su propia forma de crear y sostener lo que hacía. Aprendió a enseñar enseñando. Y enseñó a cientos de niños en Colombia.

Hay una idea en la psicología del desarrollo que el psicólogo Erik Erikson llamó generatividad: la necesidad humana, especialmente fuerte después de los 40-50 años, de contribuir a la siguiente generación, de dejar algo más allá de uno mismo. Erikson la describió como uno de los pilares de la madurez psicológica. Mi mamá no había leído a Erikson. Pero lo estaba haciendo de manual.

Y sin darse cuenta, fue sembrando una semilla. En esos niños. En mí. Una semilla que con el tiempo tomó formas distintas, proyectos, decisiones, caminos que no siempre eran evidentes, pero que tenían una raíz clara.

De ahí viene I LafiU Kids

Gracias a eso hoy puedo dedicarme al arte con la tranquilidad de saber que este camino es válido, que se puede construir, que se puede sostener.

Y también puedo compartirlo.

Proyectos como I LafiU Kids nacen desde ese mismo lugar, comprendiendo que el arte no es solo algo que se observa, es algo que se vive, que se transmite, que se enseña a través del ejemplo. Cuando diseño una nueva pieza para la colección de cuadros del Principito, cuando elijo cómo va a llegar empacada a casa de un niño, cuando pienso en qué pintura va a ver una niña cada mañana al despertar durante los próximos años, estoy haciendo —en otra escala— lo mismo que hacía mi mamá: poniendo intención en lo que un niño tiene cerca.

Hoy, en la vida de mi hijo Santiago, veo cómo esa semilla sigue creciendo.

En los espacios que compartimos, en lo que ve, en cómo se relaciona con el color, con la creatividad, con la posibilidad de hacer algo propio. Sobre eso escribí otro artículo: cómo Santiago, sin proponérselo, terminó siendo mi maestro creativo.

Y ahí todo cobra sentido.

Tres lecciones que me dejó (y que paso adelante)

Si tuviera que resumir lo que aprendí de mi mamá, serían tres cosas:

Uno: la creatividad se cultiva. No es un don que se tiene o no se tiene. Es una práctica. Y como toda práctica, se pone tan fuerte como uno la ejercite. Mi mamá pintaba todos los días. Cosía todos los días. Horneaba algo casi todos los días. No esperaba la inspiración. Llegaba al taller y trabajaba.

Dos: enseñar es regalar. Cuando uno enseña algo, no lo pierde. Lo multiplica. Mi mamá lo entendía instintivamente. Por eso enseñó hasta los últimos años. No para "monetizar" sus habilidades, aunque vivía de eso también, sino porque el acto mismo de enseñar la mantenía viva.

Tres: lo que un niño ve, le forma. No los discursos. Los discursos se olvidan. Lo que el niño ve a diario, eso se queda. Esa es la lección más profunda y la que más informó lo que hoy hago con I LafiU Kids. Si los niños van a estar mirando paredes durante toda su infancia, asegurémonos de que lo que esté en esas paredes valga la pena.

"No se trata solo de lo que creamos. Se trata de lo que dejamos sembrado en este mundo."

Para ti, si eres mamá

Si llegaste hasta acá, probablemente eres mamá. O lo vas a ser. O eres papá. O simplemente alguien al que le importa criar bien.

Quiero dejarte algo concreto, porque las historias bonitas a veces se quedan en el aire si no se aterrizan.

Si quieres sembrar en tu hijo o hija una relación viva con el arte, no necesitas ser artista. Necesitas exponerlo. Tener cosas en las paredes que valgan la pena ver. Tener libros. Tener materiales al alcance. Sentarte a colorear con él de vez en cuando, sin propósito, sin "vamos a hacer algo bonito". Solo estar.

Y, sobre todo, dejar que se equivoque. Que pinte fuera de la línea. Que mezcle los colores que él quiera mezclar. Que su dibujo no se parezca a nada conocido. Mi mamá lo entendió hace cincuenta años. La pedagogía contemporánea apenas lo está poniendo por escrito.

Lo demás —el momento en que el niño se descubre creador, el momento en que entiende que sus manos pueden hacer cosas hermosas, el momento en que decide que el arte va a estar presente en su vida adulta— eso ya no depende de ti. Eso pasa solo si las condiciones están dadas.

Y si pasa, va a multiplicarse. Como pasó con los niños del barrio La Paz. Como pasó conmigo. Como va a pasar con los hijos de quienes leen esto y siembran a tiempo.

Porque al final, no se trata solo de lo que creamos. Se trata de lo que dejamos sembrado en este mundo.

¿Quieres sembrar arte en su infancia?

Cada cuadro de I LafiU Kids viene de una pintura original, llega listo para colgar y está pensado para acompañar todo el crecimiento del niño. Una semilla más, en su pared.

Ver colección El Principito

Preguntas frecuentes

¿Quién es la "abuela artista" de la que habla este artículo?

Es Doña Silvia, mamá de Sylvia Barrero (co-fundadora de I LafiU Kids). Durante dos décadas enseñó arte a cientos de niños en Colombia, incluyendo proyectos comunitarios con niños de escasos recursos en barrios como La Paz, en Santa Marta. Su trabajo silencioso es la raíz que inspiró la creación de I LafiU Kids.

¿Por qué el arte es importante para el desarrollo de un niño?

El arte desarrolla la motricidad fina, la regulación emocional, la capacidad simbólica y la confianza en las propias manos. Investigadores como Mihaly Csikszentmihalyi documentaron que la mayoría de adultos creativos crecieron en hogares donde alguien practicaba una disciplina creativa de manera sostenida, lo que sugiere que el ambiente artístico es formativo aun sin instrucción explícita.

¿Cómo puedo introducir el arte en la vida de mi hijo si yo no soy artista?

No hace falta ser artista. Tres acciones concretas: tener materiales al alcance del niño (lápices, pinturas, papel sin restricción de uso), exponerlo a imágenes de calidad (libros ilustrados, cuadros en las paredes) y sentarse ocasionalmente a crear con él sin propósito ni juicio. La presencia de un adulto que valora el acto creativo es más importante que la habilidad técnica de ese adulto.

¿Sirven los cuadros del Principito como regalo de cumpleaños o nacimiento?

Sí, son uno de los regalos más pedidos para baby showers, primeros cumpleaños, bautizos y aniversarios familiares. La colección personalizada permite incluir el nombre del niño, su fecha de nacimiento y otros detalles que convierten la pieza en un recuerdo único.

¿Las pinturas originales de Sylvia Barrero también están a la venta?

Sí. Además de las reproducciones fine art en lienzo, Sylvia produce pinturas originales en acrílico en formatos de 20×20 cm o 30×30 cm. Para consultar disponibilidad y encargos, lo más rápido es escribir directamente por WhatsApp al +1 (754) 971-9129.

Fuentes citadas
  1. Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. Aprendizaje vicario y modelado: Simply Psychology — Bandura.
  2. Csikszentmihalyi, M. (1996). Creativity: Flow and the Psychology of Discovery and Invention. Sobre los hogares de adultos creativos: Psychology Today — Flow.
  3. Erikson, E. (1950). Childhood and Society. Sobre generatividad: Simply Psychology — Erik Erikson.
  4. ONU Mujeres. Empoderamiento económico de las mujeres: unwomen.org.

 

×